Crecimiento personal
Reconectar con tus propios deseos después de años priorizando a todos los demás
22 de septiembre de 2026 - 10 min de lectura
«¿Qué querés hacer vos?» es, para muchas mujeres, una de las preguntas más difíciles de responder, no porque no tengan opinión, sino porque hace tanto que no se la hacen a sí mismas que la respuesta tarda en aparecer. Después de años resolviendo lo que necesitan los demás —hijos, pareja, trabajo, familia de origen— es común llegar a un punto donde ni siquiera está claro por dónde empezar a buscar la propia respuesta.
Qué es el autoabandono
La revista clínica Psychotherapy Networker describe el autoabandono como el hábito, muchas veces invisible incluso para quien lo vive, de desatender sistemáticamente las propias necesidades, deseos y límites en favor de las de otras personas (podés leer el artículo completo acá). No suele empezar de golpe ni con una decisión consciente. Se construye de a poco, decisión chica tras decisión chica, hasta que un día la propia voz interna se volvió tan silenciosa que cuesta distinguirla del ruido de todo lo demás.
Por qué es tan frecuente en mujeres
Desde chicas, muchas mujeres reciben, de forma directa o sutil, el mensaje de que cuidar a otros es la forma correcta de ocupar un lugar en el mundo, mientras que priorizarse a una misma se lee como egoísmo. Con el tiempo, ese mensaje se internaliza tan profundamente que dejar de lado un deseo propio deja de sentirse como un sacrificio y empieza a sentirse, simplemente, como lo normal. El problema no es cuidar a otros —eso puede ser hermoso y elegido—, es hacerlo a costa de una desconexión total con lo que una misma necesita o quiere.
Cómo se manifiesta cuando ya está muy instalado
El autoabandono avanzado no siempre se ve como sufrimiento evidente. Muchas veces se ve como una vida que funciona bien de afuera —trabajo, casa, familia en orden— pero con una sensación de vacío o de piloto automático por dentro. Se manifiesta en cosas como no saber qué responder cuando alguien pregunta qué te gustaría hacer un fin de semana libre, sentir que cualquier tiempo dedicado solo a vos es un lujo que hay que justificar, o notar que tus decisiones importantes se toman en función de lo que otros necesitan, casi sin consultar internamente qué querés vos.
Por qué cuesta tanto identificar los propios deseos después de tanto tiempo
Cuando se pasa mucho tiempo respondiendo automáticamente a las necesidades ajenas, el «músculo» de reconocer los propios deseos se atrofia por falta de uso, no porque haya desaparecido. Preguntarte «¿qué quiero yo?» después de años sin hacerlo puede generar, al principio, una sensación de vacío o de no saber, y eso no significa que no tengas deseos propios: significa que hace falta tiempo y práctica para volver a escucharlos con claridad.
Ejercicios concretos para empezar a reconectar
1. Empezá por preferencias chicas, no por el sentido de la vida. Preguntarte «¿qué quiero hacer con mi vida?» de entrada suele paralizar. Empezá por algo mucho más chico y concreto: qué querés comer hoy, qué canción querés escuchar, si preferís quedarte en silencio o hablar en este momento. Practicar la escucha interna en decisiones pequeñas reconstruye, de a poco, el acceso a decisiones más grandes.
2. Notá la diferencia entre lo que elegirías vos y lo que elegís por costumbre o por otros. Durante unos días, antes de decidir algo, hacé una pausa de dos segundos y preguntate: ¿esto lo elijo yo, o lo elijo porque es lo que se espera, lo que siempre hice, o lo que otro querría? No hace falta cambiar la decisión; alcanza con empezar a notar la diferencia.
3. Llevá un registro de momentos de disfrute genuino. Durante una semana, anotá los momentos, por chicos que sean, en los que sentiste algo parecido a disfrute real y elegido. Con el tiempo, ese registro empieza a mostrar un patrón de lo que efectivamente te da energía, más allá de lo que «deberías» disfrutar.
4. Practicá decir un deseo propio en voz alta, aunque incomode. Nombrar frente a otra persona algo que querés, sin justificarlo ni pedir permiso, es una práctica que se entrena. Empezá con pedidos de bajo riesgo: elegir el restaurante, proponer un plan, decir que preferís no hacer algo. El cuerpo aprende que tener un deseo propio y decirlo no genera catástrofe.
5. Reservá un tiempo fijo, aunque sea corto, exclusivamente para vos. No como premio por haber cumplido con todo lo demás, sino como una parte no negociable de la semana. Ese tiempo, sostenido en el tiempo, es el espacio donde los deseos propios tienen posibilidad real de aparecer y hacerse más claros.
Qué hacer con la culpa que aparece al priorizarte
Es esperable sentir culpa las primeras veces que elegís conscientemente algo para vos misma, sobre todo si durante años la norma fue lo contrario. Esa culpa no es una señal de que estés haciendo algo mal; es la señal de que estás rompiendo un patrón viejo y muy entrenado. Suele bajar de intensidad con la repetición, no con una sola decisión aislada.
Reconectar con tus deseos no es un acto egoísta, es una base para vínculos más sanos
Una mujer completamente desconectada de sus propios deseos tiende, con el tiempo, a acumular un resentimiento silencioso hacia quienes recibieron toda esa entrega, aunque nunca lo hayan pedido de esa forma. Reconectar con lo que querés no le resta a los vínculos que sostenés: en la mayoría de los casos, los vuelve más sanos, porque dejan de sostenerse sobre una autoexigencia total y empiezan a sostenerse sobre una elección genuina.
Preguntas frecuentes
¿Es normal no saber qué quiero después de tantos años priorizando a otros? Sí, es una de las consecuencias más comunes del autoabandono sostenido. No es una falla personal, es la consecuencia lógica de no haber ejercitado esa pregunta durante mucho tiempo.
¿Priorizarme significa dejar de cuidar a las personas que quiero? No. Se trata de incluirte a vos misma dentro de la ecuación de cuidado, no de sacar a los demás de ella. Cuidar a otros desde un lugar de elección genuina, en lugar de autoabandono, suele sostenerse mejor en el tiempo.
¿Cuánto tiempo lleva reconectar con los propios deseos? Varía mucho según cuánto tiempo llevaba instalado el patrón, pero es un proceso gradual, no un descubrimiento único. Cada pequeña decisión consciente suma en esa dirección.
Para llevarte
Reconectar con tus propios deseos después de años de autoabandono no es un lujo ni una etapa egoísta: es recuperar una parte de vos que siempre estuvo ahí, solo que dejó de tener espacio para expresarse. Podés empezar hoy, con algo tan chico como elegir qué querés para vos en este mismo momento.

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